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‘Nah, no se preocupe! Si me bajo luego..‘ Escuchar esa frase actualmente me está provocando suspicacia. ¿Por qué una mujer centenaria, repleta de bolsas y cara de Lunes habría de rechazar mi oferta? Obvio: Se va a bajar. Ya ok, pero ¿Si pasa muy seguido? ¿Coincidencia?

A Chile le duele el culo. Y no por los constantes porrazos de la concerta, ni la desgracia de Mr. Hands, sino por lo que supuestamente debiera ser el ente reparador, después de un árduo día y una espera interminable en un paradero: El asiento del microbus.

Llámenlo ‘desconformismo extremo’, pero no encuentro ninguna excusa válida para cambiar el formato de los asientos de uno casi-cómodo a uno torturador como es el actual. La gente cree que ‘Cuida el Ano’, frase ya clásica para quien frecuenta cualquier micro de santiago, es una jugarreta chistosa de algún flaite creativo y ocioso. No. ¡Escucha Chile! ¡No! En serio, ese flaite crativo y ocioso no es más que un visionario que notó que el transantiago no sólo está sacando ronchas en el chileno medio, sino alguna que otra hemorroide en un algo tan alabado, querido y común en los medios, pero tan propio, como es nuestro trasero.

Ahora, lo chistoso (porque algo bueno tiene que tener) es que ahora vemos un nuevo gesto propio del santiaguino. Se une a los ya clásicos ‘Lectura de cada cartel’, ‘Fingir que lo que está afuera es más interesante que lo que pasa adentro’ (Falso, no hay nada más interesante que observar a tu prójimo en una instancia social de tal nivel), ‘Patear el piso apurando al chofer’, ‘Frotar escroto en hombros ajenos’, ‘Esperar ansiosamente alguna desgracia ajena para apuntar y/o reirse del desgraciado’, y tantos otros; el ‘mover el bote’ y buscar de forma desesperanzadora una posición que satisfaga un viaje de 2 horas promedio. Y lo hacen de formas tan variadas y silenciosas, que sólo causan el efecto contrario: llamar la atención, por lo menos de alguien que cree que la micro es un lugar lleno de sorpresas.

Básicamente exijo lo que todo trasero joven y todavía sin achurrascar (no por mucho tiempo) debe exigir, un lugar que lo entienda, soporte, consuele y compadezca del hecho de llevar el peso de alguien que no se preocupa por él, le tiene asco y le relega los peores trabajos en el cuerpo humano.

Como todo chileno, excepto uno o dos cada 69, no haré nada por esto, pero me encargaré de difundirlo para que alguien lo haga por mí.

Se despide Ariel ‘Transantiago, súbete!’ Jara.

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